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El cine devuelve la vida a Maigret

Jules Maigret forma parte del olimpo literario de los detectives. Aunque en esto, como en todo, hay opiniones para todos los gustos, y el género está abarrotado de buenos aspirantes, pocos le negarán compartir un podio de seis con Poirot y Mrs. Marple, de Agatha Christie; Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle; Philip Marlowe, de Raymond Chandler; y Sam Spade, de Dashiell Hammett. De hecho, si el volumen de libros fuera el criterio decisivo, debería ocupar sin dudarlo el primer puesto, pues su prolífico creador, Georges Simenon, le hizo protagonista de más de 70 novelas, y algunas colecciones de relatos breves.

Como personaje de éxito, Maigret fue muy adaptado al cine, especialmente en Francia, y luego a la televisión, pero hacía casi seis décadas que no tenía presencia en la pantalla grande, y, además, muchas de las películas, e incluso series, que le dieron vida fílmica no están disponibles ahora para el espectador español que no domine el francés. Añadamos que Simenon, un escritor de maestría reconocida en todo el mundo, tiene una cierta dificultad para ocupar en España el lugar que se merece, aunque editoriales como Acantilado, que ha comenzado a publicar su obra completa, se esfuerzan por reparar la deuda.

De modo que la llegada a las pantallas de ‘Maigret’, de Patrice Leconte (‘El marido de la peluquera’), ofrece varios motivos de celebración. Primero, porque se trata de una película excelente, sobria, crepuscular, y un prodigio de emoción depurada desde los detalles, que debería relanzar el interés por el detective. Y, segundo, porque Gerard Depardieu, su protagonista, no sólo ofrece una visión de Maigret contenida y deslumbrante en su contundente y desolada humanidad, sino que aspira desde ya al trono de las mejores encarnaciones del personaje, disputándole el puesto a rivales como Jean Gabin, Gino Cervi o los televisivos Bruno Cremer, Michael Gamboni y Rowen Atkinson (Mr. Bean).

Vocación de servicio

Pero, a fin de cuentas, ¿quién es Maigret? El propio Simenon nos explicó que es de origen campesino, grueso de aspecto, amante de la comida y la bebida, y fumador de pipa, si bien este aspecto ha sido eliminado de la película de Leconte alegando razones de salud. Pero, sobre todo, lo describe como alguien que aspiraba a ser “remendador de destinos”, una vocación que, en cierto modo, se materializó a través del oficio de detective.

“Un caso criminal nunca es para él un caso más o menos científico, un problema abstracto. Es tan sólo un caso humano”, nos explica su autor. Por eso “necesita averiguar hasta los más pequeños detalles”, sumergirse de lleno en el ambiente y las circunstancias de sus protagonistas, hasta que consigue pensar y sentir como ellos. “Odia la maldad deliberada, odia a los hombres que impregnan el mal de sangre fría, y se muestra feroz con la hipocresía. Por el contrario, es indulgente para con las faltas que son fruto de las debilidades de la naturaleza humana”.

La experiencia de Patrice Leconte con Simenon se asemejará seguramente a la de muchos lectores. “De adolescente leía novelas de Maigret y me parecían extraordinarias. Pero no me permitía amarlas completamente porque creía que era literatura fácil. Hasta que, en el último año de bachillerato, el que había sido mi profesor de Filosofía dijo: ‘tenéis que saber que, para mí, el mejor filósofo de todos es Georges Simenon’. A partir de ese momento es como si ese profesor le hubiera legitimado y comencé a leerlo de forma habitual y a amarlo todavía más”. Ocurre mucho esto con Simenon que, sobre todo a ciertas edades, necesita de figuras de autoridad que nos confirmen que aquello que nos proporciona tanto placer es, además, bueno.

Esa hondura del personaje la recoge bien la película ‘Maigret’, en la que el detective se nos presenta como un hombre que busca la verdad “intentando hacer el menor daño posible”. También se ponen en su boca reflexiones como ésta: “El autor de un crimen nunca parece capaz de matar a nadie. Pero, de pronto, siente la necesidad de afirmarse, de existir, y para existir pone fin a la existencia de otro”. O ésta otra: “Hay crímenes a todas horas, de día y de noche. Uno debe protegerse, sin ser insensible, pero manteniendo la distancia adecuada para tratar de entender. A la larga tiene que forjarse un caparazón, y entonces, un día, después de un asunto trivial, quién sabe por qué, te conmueve un detalle, un patrón de papel pintado, un peluche, una frase, una mirada… Y entonces todas tus certezas se desvanecen de repente. Y te conviertes en un niño que teme a la oscuridad”.

Rápido, conciso y ejemplar

Sobre Simenon pesa el estigma de escribir sus libros demasiado deprisa. Es muy conocida una broma en la que Alfred Hitchcock pregunta por él y su secretaria le dice que acaba de comenzar una nueva novela. “Muy bien, espero”, responde el cineasta. Esta rapidez, que le permitía escribir novelas incluso en diez días y publicar más de una decena de libros en un mismo año, ha llevado a muchos a minusvalorar su talento. Si bien son mayoría los que creen que su literatura es deslumbrante pese a ello.

“Simenon se interesa por gente normal, personas a priori sin historia, sin grandes acontecimientos en su vida, pero que acaban por revelar un pasado”, explica Leconte. “El ambiente, los lugares, los sentimientos, los desconciertos me atrapaban y emocionaban. También me llamó la atención la economía de las palabras, la concisión, la capacidad de Simenon para expresar universos impresionantes y personajes extraños o humildes con un número tan reducido de palabras. Sus libros nunca pasaban de las 200 páginas y están escritos de manera ejemplar”.

Aunque en algunos casos, como ‘Maigret y la joven muerta’, la novela en la que se basa la película de Leconte, el final no estuviera a la altura de sus virtudes mayores. De modo que los guionistas decidieron modificarlo e introducir algunas novedades ajenas a la obra original que entusiasmaron, sin embargo, a John Simenon, el depositario del legado del novelista belga.

“Cuando uno adapta a un autor es porque se siente cómodo con él. Simenon tiene una manera de escribir y de llegar a lo primordial que me toca profundamente. A mí me gustaría conseguir eso en el cine. Hay otro punto en común: las novelas de Simenon son cortas y mis películas también”, explicó Patrice Leconte durante el preestreno de su película en Valladolid.

Para aquellos que quieren iniciarse en el universo Maigret, estas lecturas les proporcionarán grandes satisfacciones: ‘El muerto de Maigret’, ‘Liberty bar’, ‘Maigret tiende una trampa’, ‘El arriero de la Providence’, ‘La noche de la encrucijada’, o ‘Pietr, el letón’, la primera de la saga, todas en cuidadas ediciones de Acantilado.

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