X
ACTUALIDAD

Bécquer, el tik-toker del Romanticismo

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú.

Este poema, a pesar de su error oftalmológico –la pupila es siempre negra–, es de los pocos que el español común se sabe de memoria. El hecho encierra una paradoja exquisita. Por un lado, el texto responde a una interlocutora que pregunta cosas profundas, como la típica en los recitales de poemas en un instituto de secundaria, «¿poeta se nace o se hace?».

La interlocutora de Bécquer hace una pregunta esencial, que se ha formulado siempre, debido al carácter misterioso del hecho poético, lo impredecible de la inspiración, lo aparentemente inútil de su función social. Pues bien, el poeta responde: «poesía eres tú». Es decir, poesía es la Belleza, y el poema es un simple receptáculo indigno. Pensamiento neoplatónico que desprecia la forma a favor del fondo o mensaje.

Pero ¿es esto posible? Al fin y al cabo, el poema es el texto en el que la forma es el fondo, o al menos ambos son indiscernibles. El poema perfecto es aquel que no se podría haber escrito con otras palabras. No es lo mismo escribir (por seguir con don Gustavo Adolfo) «del salón en el ángulo oscuro» que «en el ángulo oscuro del salón». Léanlo despacio y en voz alta, y verán que hay algo decisivamente distinto. Ese algo es la disposición de los acentos, la distancia entre ellos, la cadencia de la frase. Es algo sutil pero que ha hecho que ese verso perdure a través del tiempo.

Dije que había una paradoja en la rima becqueriana, y es que el poeta contesta con algo muy genérico, que extiende la cualidad de lo poético a la realidad misma, separándola del texto, y, sin embargo, el motivo por el que tantos la recuerdan de memoria es por una peculiar disposición de sílabas y acentos. Tres endecasílabos y un heptasílabo, rimando los versos pares. Una anáfora (una repetición simétrica de la pregunta) y el trabalenguas del «en mi pupila tu pupila» que lo asemeja a un acertijo. Todos esos elementos son formales, son la «carne» del poema. Si se tradujera al alemán, y en prosa, sería seguramente una tontería, nada memorable. Todo esto, por supuesto, lo sabía Bécquer. Así que entiendo que su respuesta galante –no exenta de una puntadita de condescendencia machista–, es algo como «ojazos, pa k kieres saber eso jajajaja Salu2».

Tik-toker del Romanticismo

La respuesta de la rima tiene más miga de lo que parece. No todo va a ser Platón. Aristóteles considera en su Poética que la poesía nace por la existencia de la imitación, por un lado, y de la armonía y el ritmo, por el otro. En ese sentido deberíamos entender la respuesta de Bécquer: «Poesía es la Belleza, chati, como tú, que eres muy guapa, y yo la imito como puedo con las palabras». Es decir, con armonía y con ritmo. Antes que con las palabras, sabemos que Gustavo ya imitaba la belleza del mundo a través del dibujo, siguiendo la estela de su padre y su hermano.

A lo tonto, a lo tonto, hemos llegado a una definición de Poesía: la búsqueda de la Belleza a través del ritmo y la armonía de las palabras. Sucede que, en el caso de Bécquer, el resultado es un producto popular, por sus temas (desamores, arrebatos del espíritu) y por la forma sencilla, con rimas asonantes casi siempre, con lenguaje llano y sin alambiques. Lo que hoy a veces nos puede parecer cursi, en su época era llano y directo. Dije una vez en televisión que Bécquer fue un Instagramer de su época. En realidad, su fama no fue tanta; casi toda vino con las ediciones póstumas que promovieron sus amigos. Pero, con el tiempo, ha llegado a serlo. Llegué a conocer a un librero que llevaba tatuado en el brazo el famoso retrato de Bécquer que le hizo su hermano Valeriano. Un icono pop, como la Marilyn de Andy Warhol.

Dale al like

Y todo esto de Bécquer, ¿a qué viene hoy? Viene a que se está volviendo enmarañado el estéril debate en redes sociales sobre qué es poesía, y qué no. Premios gordos que se los dan a libros que son una nadería. Gente con miles de seguidores en redes sociales, posteando textos más propios de niñas de siete años, y sus seguidores suspirando de emoción en los comentarios. Editoriales de prestigio que publican –premio mediante– textos insípidos, pretenciosos y absolutamente prescindibles. No queremos descubrir nada nuevo, ya escribió Lope «y en cada calle cuatro mil poetas». La cantidad de gente que escribe poemas es alta en España (al fin y al cabo, son los que compran libros de poemas: los necesitamos) pero la proporción con los que escriben bien ya es otra cosa, como sabe todo aquel que haya participado como jurado en un premio. No obstante, en los últimos tiempos he notado un incremento de exposición de textos a los que se llama «poesía» y que no hay por dónde cogerlos. Gente que se acoge al comodín del «verso libre» (blasfemando contra Whitman) por no tener ni idea de métrica ni acentos. Los que admiran el Gernika o los cuadros cubistas de Picasso deberían echar un ojo a su época azul o, es más, a sus cuadros juveniles. Picasso, pese a lo que pueda parecer por el Gernika, pintaba de maravilla. Para deconstruir e innovar, antes hay que estudiar. Y parece que lo que se exige para, por ejemplo, la música –años de estudio, horas y horas al día–, por arte de magia no hiciera falta para la poesía. Simplemente, se trata de escribir «lo que me sale». Y, claro, lo que sale suele ser lo mismo que al ir al váter.

Estamos como siempre

Al final, estamos como siempre. La belleza aparece donde menos se la espera, y la gente que escriba lo que quiera si le hace ilusión. Es verdad que da algo de pena ver algunos premios Adonais, sobre todo cuando recordamos a los grandes que han publicado en esta colección, o los poetas woke que hablan en «inclusivo» campando por las «Jornadas de». Amén del negociado feminista y sus «La mujer en (lo que sea)». Dineros de Diputaciones, papel mojado, polvo, sombras, nada. A fin de cuentas, las pupilas seguirán siendo negras, salvo en la rima de Bécquer, y poetas buenos seguiremos siendo los mismos. Perdónenme el desahogo, uno también está hasta los alejandrinos algunas veces.

También te puede interesar