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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Cuaresma todavía

Ha querido la suerte que el libro me llegase tarde. Llamándose Cuaresma y estando organizado por un poema en prosa por día, y conociendo mi afición por la lectura lenta, me habría organizado para leer un poema al día comenzando por el Miércoles de Ceniza. Este libro de José María Jurado no me hubiese impactado como ahora, corriendo para que la Resurrección de mañana no me pillase con las manos en la ceniza. Tampoco las muy buenas ilustraciones de Pámpano Vaca, que ganan si se suman.

 

El primer poema, Día I (de los más indispensables y asombroso), enmarca el libro con el último, pero en cuarenta días no hubiese percibido el efecto de recoger el libro en un puñado. La lectura compulsiva me ha servido también para sumergirme en el mundo onírico que propone Jurado, con esas resonancias obsesivas (alguna vez intertextuales) a Eliot y de Dante (véase el Día XII).

 

Atado a mi columna figurativa, me gustan especialmente las prosas en las que puedo seguir la anécdota (Día VII; Día VIII; Día XX) y en las más líricas (Día XXVIII o Día XXXIV: «Porque la muerte es dulce como el sueño del sauce cuya larga melena se inclina hacia el arroyo y que la brisa ondea camino de la mar»); pero al final caigo en la hipnosis y en el insomnio y se me mezclan imágenes, memorias, amnesias y sueños. Hasta el caligrama final resulta extraordinario: Día XXXVII

 

¿Pero no estamos hablando de un libro devocional? Tanto como de poesía, en efecto. Y también me ha tocado por ese lado de lo alto. Sobre todo, el Día XXVI, en el que hace un repaso de las miserias de los hombres de las que deberíamos apiadarnos, y que a mí, generalmente tan contento, me ha removido mucho y bien.

 

He quedado listo —por los pelos— para esperar al Domingo.

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