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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Llegar tarde antes

 

A veces, por llegar a la hora a una cita acudo despeinado, sin resuello, con la camisa por fuera. Me pasa también con los artículos que tengo que enviar a redacción.

 

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Como una cosa (se) lleva a la otra. Llegué tarde y a la plaza equivocada a la cita que tenía. El refrán africano dice: «Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado». Yo aún diría más: «Si quieres llegar al sitio correcto, lleva copiloto».

 

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El fallo me permitió llegar, para sorpresa y alborozo general, puntual a la siguiente cosa. Callé vanidosamente y no les puse en antecedentes. Chesterton afirmaba que su método para coger un tren era perderlo y tomar el siguiente. Mi método para la puntualidad: haber llegado tarde antes.

 

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Al subir la escalerita del parking, una pareja que bajaba, para dejarme pasar, se tuvo que apretujar en un abrazo, y eso les encantaba y se reían. Me encantó ser el bulto que justificaba ese arrumaco. Les dije «perdón» pero como un tic. Tendría que haberles dicho: «De nada».

 

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Por el camino pensaba que no es que los niños sean más graciosos o interesantes que los preadolescentes. Es que lo de los niños se puede contar muy bien y todos nos reímos. También nos reiríamos o emocionaríamos con los preadolescentes, pero ya es su recién estrenada intimidad y el padre ha de guardar un esforzado silencio.

 

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En el baño me encuentro con el marido de una amiga de siempre. «¿Cómo estáis?», le pregunto. «Estupendamente», me dice, la mar de contento. Y entonces yo cometo una grosería: «Y tu mujer, ¿qué tal?». No es sólo que le recuerde que su mujer es la que es mi amiga, que es lo de menos. Es que con mi pregunta parezco asumir que él, el marido, puede estar estupendamente sin que lo esté su mujer.

 

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Por la mañana había escrito esto: «Se me va el día despejando el día para hacer lo que tenía que hacer ese día». Llega la noche y compruebo con pasmo que mi día ha cumplido exactamente al pie de la letra lo que pretendía ser una frase ingeniosa a media mañana. Hay que tener cuidado con lo que se escribe, porque, al final, se cumple. El valor prescriptivo de la prosa autobiográfica pasma.

 

 

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